Creyó que era de día. Pues cuando intentó abrir los ojos, una fulminante luz le quemó las retinas, así que cerró los ojos con fuerza, sin embargo, a través de los parpados podía ver el intenso fulgor que esta emitía.
-No los abras.- Le dijo una voz suave.
Escuchó el sonido de algo gigante arrastrarse por el piso. El ciseo de una bífica lengua lo puso algo nervioso y tragando saliva, intentó abrir los ojos, desobedeciendo la orden antes dada.
Cuando logró hacerlo, vio que frente a él había una adolescente con un amplio vestido negro, igual que su cabello y sus ojos, su piel era pálida pero tersa, lo comprobó cuando esta, puso una pequeña y flaca mano sobre su mejilla aún afiebrada.
A su lado y en el piso, se alzaba sobre su propia pila de cuerpo, una serpiente gigante de múltiples colores. Tenía unos ojos totalmente rojos que echaban fuego y un par de diminutas alas de cuervo que le sobresalían en el lomo y que en esos momentos tenía la cabeza a la altura de la suya.
Cuando los vio a los dos juntos, creyó que todo era parte de la enfermedad, sin embargo cuando los escuchó a ambos llamarlo por el nombre que nadie conocía se levantó rápidamente de la cama, se puso encima el abrigo y sin preguntar nada más, los siguió fuera de la casa.
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OMQ, Churchill OTPea el usuk, Hell yeah!
-No los abras.- Le dijo una voz suave.
Escuchó el sonido de algo gigante arrastrarse por el piso. El ciseo de una bífica lengua lo puso algo nervioso y tragando saliva, intentó abrir los ojos, desobedeciendo la orden antes dada.
Cuando logró hacerlo, vio que frente a él había una adolescente con un amplio vestido negro, igual que su cabello y sus ojos, su piel era pálida pero tersa, lo comprobó cuando esta, puso una pequeña y flaca mano sobre su mejilla aún afiebrada.
A su lado y en el piso, se alzaba sobre su propia pila de cuerpo, una serpiente gigante de múltiples colores. Tenía unos ojos totalmente rojos que echaban fuego y un par de diminutas alas de cuervo que le sobresalían en el lomo y que en esos momentos tenía la cabeza a la altura de la suya.
Cuando los vio a los dos juntos, creyó que todo era parte de la enfermedad, sin embargo cuando los escuchó a ambos llamarlo por el nombre que nadie conocía se levantó rápidamente de la cama, se puso encima el abrigo y sin preguntar nada más, los siguió fuera de la casa.
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